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miércoles, 13 de noviembre de 2013

RELATOS DE FANTASMAS: Rose Rose

Hoy les traigo una de las historias del libro de Steven Zorn "Relatos de fantasmas" titulado "Rose Rose". Disfrutenlo:


ROSE ROSE


Sefton se apartó del cuadro.
-Ahora descanse- dijo.
Su  modelo, la señorita Rose Rose, se echó por encima un manta rayada, bajó de la tarima y cruzó el estudio.

Era hermosa de la cabeza a los pies. Cualquier pose que adoptara resultaba elegante. Era hija de modelo de artista, y trabajaba en esto desde su niñez. Rose Rose no era instruida, ni culta, ni metódica. Todo lo que sabía hacer era posar: pero en eso, desde luego, era la mejor. En una ocasión había mantenido la misma pose, sin descansar, durante tres horas seguidas. 

Mientras Rose Rose se vestía, Sefton se dejó caer en un butacón y estudió el cuadro. Era un hombre de cuarenta años, rechoncho, con la cara redonda, y un mostacho rojizo de guías ferozmente enhiestas.
 
Tenía la suerte de contar con la señorita Rose Rose como modelo. El rostro de ésta tenía exactamente  la expresión que él necesitaba para el cuadro que estaba pintando sobre Afrodita, la diosa griega de la belleza y del amor. Pero si bien era la modelo que más cobraba por sus sesiones, no siempre era puntual en acudir al trabajo.

En las mañanas de invierno, cuando cada hora de luz era preciosa, podía retrasarse  dos horas o no aparecer en absoluto. Sin embargo, sus cualidades eran tan extraordinarias que los artistas recurrían siempre a ella.

-Señorita Rose, ¿podría estar aquí mañana a las nueve en punto?- preguntó Sefton a su modelo cuando salió de detrás del biombo.

-Mejor a las nueve y cuarto.- replicó Rose.

-Bueno... de acuerdo.- accedió Sefton de mala gana.

-Sé lo que está pensando, señor Sefton.- Dijo Rose Rose. -Cree que no pienso venir mañana. Ha oído las quejas del señor Merion. Y todo porque una tarde llegué tarde a posar para él. ¡Pero tenía un buen motivo!

-El señor Merion es el que me la ha recomendado, señorita Rose; aunque me aconsejó que no la perdiera de vista. ¿Me hará el favor de estar aquí mañana a su hora?- insistió el artista.

-No tiene por qué preocuparse- dijo la señorita Rose con impaciencia. -Estaré a las nueve y cuarto, pase lo que pase. ¡Incluso muerta! ¿Le parece suficiente, señor Sefton?

Pese a la promesa de la señorita Rose, el señor Sefton no se quedó muy convencido.
A la mañana siguiente, Sefton llegó al estudio a las ocho y media. Preparó las pinturas y seleccionó los pinceles. Al estudiar el lienzo, observó que el rostro de su Afrodita tenía una expresión burlona.
Poco antes de las nueve descubrió que se había quedado sin cigarrillos. Todavía tenía tiempo de acercarse a la esquina. Dejó la puerta del estudio abierta por si la modelo llegaba mientras él estaba ausente. Calculó que Rose Rose se retrasaría lo menos veinte minutos. En la tiende compró el periódico para entretenerse mientras esperaba.
Pero al regresar se encontró con que la modelo se encontraba ya esperándolo.

-Buenos días señorita Rose. Es usted una mujer de palabra.

Rose murmuró una respuesta, pero la atención de Sefton estaba ya centrada en el cuadro.
El trabajo iba bien, y Rose Rose no daba muestras de cansancio. Sefton trabajó seguido más de una hora, antes de caer en la cuenta de que Rose Rose debía hacer una pausa.

-Hagamos un descanso, señorita Rose.- Dijo Sefton alegremente.

En ese instante sintió el roce inconfundible de unos dedos humanos en la nuca. Se volvió con un súbito sobresalto. No, no había nadie detrás. Y Rose Rose había desaparecido.
 Con gran cuidado dejó la paleta y los pinceles. Dijo en voz alta:

-¿Dónde está usted, señorita Rose?

El silencio flotaba en el ambiente cargado del estudio. Repitió la pregunta pero no obtuvo respuesta. Se asomó detrás del biombo. Entonces le asaltó una terrible posibilidad: ¡Que su modelo no hubiera estado en absoluto allí!
Se sentó y trató de encontrar una explicación. Había estado trabajando demasiado, se dijo a sí mismo. Se enfrascaba demasiado en la pintura. Había esperado ver a Rose Rose al volver de la tienda, y su cerebro le había dicho que estaba allí. Pero no acababa de convencerse. Nunca le había ocurrido una cosa semejante. Cuanto más lo pensaba más asustado estaba.

Cogió el periódico para calmar los nervios. Se serenaría oyendo las noticias del día. Aún así, no se el escapaba el hecho de que durante la última hora había
ejecutado su trabajo más delicado, pese a no tener allí a la modelo.
Trató de concentrarse en el periódico. Entonces su mirada se detuvo en un titular: <<Accidente de tráfico mortal>>. El articulo informaba que una modelo de artistas llamada Rose Rose había sido atropellada a las siete de la tarde del día anterior y había fallecido poco después.

Sefton se levantó de la silla y abrió una gran navaja. Sentía unos deseos tremendos de destrozar el lienzo. Se detuvo ante el cuadro. El rostro de Afrodita le sonreía con una dulzura misteriosa, ultraterrena, pero irresistible.

Durante los meses siguientes, Sefton no consintió que nadie le visitase mientras terminaba el cuadro. Sus amigos se preguntaban quién era la modelo, puesto que Rose Rose había fallecido. Sefton se negó a revelarlo.

El cuadro alcanzó un éxito inmediato. Lo habían encontrado abandonado en el estudio de Sefton. En cuanto al artista, nunca volvió a saberse nada de él.


jueves, 31 de octubre de 2013

Historias de Halloween II

Hace un año, cuando acababa de entrar al instituto, llegó la semana de Halloween. Sabía que algo podía ocurrir, intenté imaginar algo; sangre en los lavabos, algún decorado... Pero no. Fue algo más tradicional, pero tan bien planificado que al principio ni se notó. Estábamos dándo clase, a fuera estába nublado y el pasillo estaba oscuro así que no entraba mucha luz. Mientras el profesor nos estaba explicando no recuerdo qué tema, llamaron a la puerta y entraron tres chicas. También entró una cuarta por detrás pero nadie se dió cuenta ya que todos estábamos pendientes de lo que venían a decir. Traían un cuaderno algo maltrecho y una preguntó que si ese cuaderno era de una tal Ángela Gómez, que si estaba en nuestra clase. Nosotros respondimos que no y de repente alguien apagó la luz. Otra de las chicas se apresuró al oirlo y preguntó extrañada el nombre de la dueña del cuaderno. Cuando se lo repitieron la chica dijo extrañada que no podía ser posible. Hace diez años Ángela Gómez fue una estudiante del instituto, ¡el mismo instituto donde ahora estudiaba yo!. Ángela era muy buena estudiante, era muy inteligente y estudiaba mucho pero todos la odiaban, la detestaban, se empeñaban en hacerle la vida imposible. Un día, Ángela, harta ya de tantas bromas de mal gusto, se encerró en los aseos de las chicas del gimnasio a llorar. Nunca salió. Un profesor, preocupado, fue al gimnasio a buscarla pero él tampoco regresó. Terminaron las clases. Era viernes, ya nadie volvería hasta el lunes. Nadie excepto las limpiadoras. Cuando fueron a limpiar el gimnasio, se repartieron el trabajo y a la pobre limpiadora que le tocó el aseo de las chicas le sorprendió algo que la hizo gritar. La otra limpiadora al escuchar el desgarrado grito de su  compañera, se apresuró a dejar todo y correr a donde ésta se encontraba. Cuando al ver todo cubierto de de sangre y una palabra escrita en la pared con la misma, palideció. <<Muerte>>  Esa era la palabra que tan terroríficamente quedó escrita en la pared.
En ese mismo momento entró por la puerta una chica con una camiseta blanca y toda manchada de "sangre". Probablemente,-o al menos eso pensamos-, una de las chicas se fué en el momento que más embelesados estábamos con la historia, se cambió y volvió. Eso fué lo que creímos.
Eso sí, lo que si es verdad es que en nuestro instituto sí se escuchan a veces cosas extrañas, pueden ser graciosas para nosotros pero muchas veces no sabemos quién o qué las hace ni dónde ni cómo. Las puertas, tan lentamente y con ese crujido típico, se abren y no hay nadie al otro lado. Y en esos escasos momentos en los que toda la clase está en silencio, que parece estar dodmida y suena un portazo, a lo lejos pero no tan lejos, con la suficiente fuerza como para hacer que todos demos un respingo hacia atrás. O esos cortos apagones de luz, que aunque son breves pueden poner el vello de punta con la triste iluminación amarillenta en la clase, que también tiene la pared amarilla, bueno, la mitad, la otra mitad es de un color blanco hueso, con esconchones y comido por la humedad, con algunas torpes grietas que con solo tocarlas se cae un trozo de pared. O esas inquietantes pintadas en la pared del recreo, algunas, con mensajes tan terroríficos como: <<Moríos todos p**** profesores>>.
Sin duda alguna, el mejor instituto, un instituto para pasárselo de miedo.


jueves, 17 de octubre de 2013

FRANCISCO Y LA GRAN MANCHA NEGRA

Cuando estábamos en cuarto de primaria hicimos un experimento en el que los niños de infantil hacían un dibujo y nosotros teníamos que hacer un cuento o poesía de éste.

A mi me tocó el dibujo de un niño de 4 años llamado Francisco


Esto fue lo que yo escribí al respecto:

FRANCISCO Y LA GRAN MANCHA NEGRA

En un pueblo llamado Centinela, al pié de Sierra Ortega, había una pequeña choza en la que vivía Francisco, el as de la imaginación. Pero cuando se aburría se ponía a dibujar y resulta que cuando dibujaba algo al día siguiente se hacía realidad.

Un día dibujó una gran mancha negra y una catástrofe infernal. Y al día siguiente sucedió, que la gran mancha negra al Sol tapó.

Y para los habitantes de Centinela el Sol es muy importante, sin él no pueden vivir.

Franci pensó y pensó y se le ocurrió que si dibujaba una solución todo se acabaría.

Entonces se puso manos a la obra.

Y así fue como Francisco salvó a toda Centinela de lo que él mismo creó.

FIN


Luego tuvimos que ir a contarlo a preescolar y para ello animamos nuestros cuentos. Nuestras seños se vistieron, una de hada, y otra de ayudante de la hada, y nosotros hicimos algunos dibujos para hacer como un mini-teatro de los cuentos.


miércoles, 10 de julio de 2013

La mujer de mármol

 
Hoy, recordando mis días de infancia, cuando escuchaba los viejos cuentos de mi abuela, recordé aquel,... aquel misterioso e intrigante relato...

Hace más de mil siglos, en un pequeño pueblecito de Andalucía, había una joven trabajadora y bella de origen humilde.
Ella trabajaba dando el agua a los trabajadores de la nueva obra del pueblo y, como todas las mañanas, comenzó yendo a por agua al pozo del pueblo.

Normalmente, solo había mujeres y algunos mercaderes allí pero esta vez había un extranjero que parecía dormir en una esquina de la plaza.

La joven terminó de llenar sus cántaros y se puso en camino y al pasar por el lado del muchacho éste se sobresaltó. Se despertó de golpe y pronunciando un nombre que nadie escuchó. Toda la plaza se lo quedó mirando y reino por unos segundos el silencio. El muchacho se quedó pensando unos momentos y luego desapareció entre los arbustos, supongo que hacia la costa.

Pasaron unos segundos y todo volvió a la normalidad de bullicio de siempre. Respecto a la joven, bueno, ella terminó la jornada pero estuvo todo el día pensando en lo ocurrido. En la noche este asunto le quitó el sueño. Si algún defecto tenía, era ese, la curiosidad.
Llegó la mañana, era día libre para ella y como todos los días libres se fue a pasear por la orilla de la playa y a observar los barcos de mercaderes que se iban o volvían después de largos meses de trabajo.


De repente, oyó un ruido proveniente de los matorrales. Se acercó sigilosamente y con mucho cuidado abrió una parte de los matorrales y pudo observar como en su interior había una especie de cueva donde residía aquel muchacho de la plaza. La joven se quedó perpleja.
Pronto el muchacho la descubrió y sin decir ni una palabra se acercó lentamente a ella y le dijo:

-¿Qué hacéis aquí? Una mujer bella no debería andar por estas costas sola, hay mucho pirata suelto.

Ella se lo quedó mirando un rato y después respondió:

-¿Y vos? ¿Qué hacéis vos aquí, en una cueva de mala muerte?

El se quedó callado, caminó unos cuántos pasos y respondió:

-No deberíais saber ciertas cosas que no os incumben.- Y se fue hacia el rompeolas.

-¿No me incumben? Eso da una impresión de vos ciertamente inadecuada.

Entonces sonó la campana del pueblo, un alboroto terrible y en medio de este un hombre gritaba:

-¡Los esléridos! ¡Vienen los esléridos!-

Los esléridos eran un poblado de ladrones que afirmaban ser un ejercito. Venían a los tres pueblos de la zona y “recaudaban impuestos”.

Entonces los dos corrieron hacia distintos puntos; ella se fue hacia el pueblo y el... bueno, el no se sabe a dónde se fue.

Pasaron los años y se siguieron viendo y conociendo.
Llegó un día en que el fue a pedir su mano a casa de su padre:

-¿Y, qué le podéis ofrecer a mi hija?

-Señor, soy herrero, no tengo mucho que ofrecerle pero la pienso hacer la mujer más feliz.

El padre caminó un rato por la sala pensando sin cesar hasta que al final contestó:

-Haremos lo siguiente: tendrás una semana de prueba en la que me has de demostrar tu promesa. Al cabo de esa semana tomaré una decisión.

Pasó la semana de prueba, el muchacho trabajó horas extra para ganar más dinero y tres días llegó a casa con un regalo para su amada. Eran regalos muy pobres pero ella rebosaba felicidad. El hacía todo lo posible y conseguía dedicarle mucho tiempo al día.

-Bien, tu semana de prueba ha concluido y he tomado mi decisión:
has hecho muy feliz a mi hija, tal como prometiste, pero si después no demuestras el mismo amor por ella levantaríais los comentarios en el pueblo. He preguntado a conocidos y recogido información sobre ti y he concluido... he concluido que puedes casarte con mi hija.- y sin terminar de hablar le interrumpieron los dos jóvenes celebrando.

-Pero hay una condición-continuó hablando el padre- debéis ayudarme en mi labor en el campo; uno ya se hace mayor para tantos trotes.

La casa se llenó de alegría, pronto todo el pueblo se enteró y ya se planeaba la boda.

Llegó el día de la boda. Se ofició en una pequeña iglesia que aquel día rebosaba luz y alegría.

La habían decorado con flores blancas, rosas y rojas; margaritas, rosas y demás sinfín de olorosas joyas.

La novia llevaba un vestido muy humilde pero resplandecía como la mujer más hermosa.
Él, estaba hecho un pincel, todo un señor. Un esmoquin azul marino con una rosa blanca en un bolsillo que quedaba a la altura del pecho.

La boda fue preciosa. Todo el pueblo estuvo presente; la familia de la novia era muy querida.

A la salida lanzaron pétalos, palomas y hermosos cánticos en honor a la hermosa pareja.

No hubo luna de miel pues el dinero no lo permitía pero fueron dos meses realmente felices formados únicamente por el amor, la felicidad y la paz que existía en esa humilde casa.

El no dejó de cumplir su promesa y todas las mañanas la feliz pareja iba muy temprano a trabajar las tierras de su padre para que el pobre hombre pudiera descansar sabiendo que dejaba en buenas manos sus únicas posesiones y lo que permitían poner cada día un plato sobre la mesa a la hora de comer.

Pero pronto la guerra llegó. Una guerra dura, una gran crisis, gente muriendo de hambre o por enfermedad después de una dura vida dedicada al trabajo. Una vida que no había conocido nunca mayor riqueza que una pequeña choza donde vivir con su familia y un plato de comida al día los más afortunados. Gente humilde, de vida sencilla.

Se requirió a todos los hombres mayores de edad y menores de sesenta años para combatir en la guerra.
Estos hombres abandonaron familias, hogares, amigos, un trabajo y hasta su propia vida para salvar a su patria.

El muchacho tuvo que ir también dejando a su mujer y a su nueva familia desolados y en vilo de un rezo que a partir de este día constituiría sus vidas.

Pasaron tres años y siete meses y llegaron noticias.
Sonó la corneta en la plaza del pueblo y pronto todas las mujeres, niños y ancianos estaban allí.
Traían cartas y noticias de la guerra y había una para la triste muchacha.
Su marido había fallecido en combate. Una bala logró alcanzarle a la altura del hombro, sufrió una hemorragia y falleció.

La joven sentía que el alma se le escapaba. Tenía el corazón roto, la cara empapada de lágrimas que parecían sangre quemando su piel y unos quejares que siguieron durante las tres noches siguientes resonando en cada callejuela del pueblo.

Al tercer día, que calló en Jueves, fue el entierro. El cuerpo ya había llegado; lo habían lavado y perfumado y lo habían vestido con un ropaje de soldado en honor a su caída en batalla.

Todo el pueblo lloraba su muerte y se escuchaban murmureos.
-Pobrecilla, recién casá y mira..
Sin embargo el sargento replicaba al resto de soldados diciéndoles: -solo los más débiles caen.

Cuenta la leyenda que la mujer siguió trabajando de aguadera y un día no regresó a su hogar. Y dicen las malas lenguas, que aquel último día la mujer se quedó llorando sobre el cántaro y murió de tristeza, unos dicen que en Granada, otros que en Sevilla. Nadie lo sabe con certeza pero se cuenta que la mujer se convirtió en piedra y su estatua está aún en algún incierto rincón de Andalucía.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Jack-o'-latern

Esta es la historia de la que se han sacado muchas versiones y que da origen a la costumbre de poner calabazas con caras en las casas el día de Halloween.

Un oscuro día, hace ya tantos siglos que ni el mismo Satanás se acuerda, llegó a los oídos del diablo que un hombre tan malo como él mismo se encontraba cerca. El diablo fue a comprobar si esto era cierto. Satanás se disfrazó de un hombre como cualquier otro y cuando se encontró a su "presa" lo encontró en un bar, bebiendo para anestesiar su conciencia.
El diablo le acompañó tomando con el. Cuando el diablo descubrió que, efectivamente, era un hombre malvado, le reveló su verdadera identidad. Satanás le dijo que había venido para llevárselo y que pagara por todos sus pecados. El hombre le pidió como última voluntad una última ronda juntos y el diablo aceptó.
Cuando hubieron acabado se dieron cuenta de que ni el uno ni el otro tenían dinero para pagar. El hombre le propuso al diablo que se convirtiera en una moneda para pagar y enseñarle su poder. Y el diablo se convirtió en moneda, pero en vez de pagar con este, el hombre se lo metió en el bolsillo y pagó con un crucifijo de plata que sacó de su otro bolsillo.
Satanás le ordenó que lo sacara de allí pero el hombre le dijo que no lo haría a no ser que le dejara un año más de libertad y el diablo aceptó.
Cuando pasó un año, Satanás volvió a buscarle y el hombre le pidió como última voluntad que le bajara la manzana del árbol que estaba a su lado como última comida. Cuando el diablo estaba en la cima, el hombre dibujo en el tronco del árbol una cruz con su espada. Ahora el diablo no podía bajar. Esta vez, el hombre le pidió no ser molestado en 10 años y que no pudiera llevar su alma al inframundo y otra vez el diablo accedió.
Pero el hombre murió antes de los 10 años. En las puertas del cielo, san Pedro le dijo que no podía entrar porque en el pasado había sido un mal hombre y lo mandó al infierno pero en el infierno le dijeron que tampoco podía entrar porque no habían pasado los 10 años de libertad prometidos.
Condenaron a el hombre a bagar por las calles toda la eternidad alumbrado únicamente por un nabo hueco con un carbón ardiendo.
Desde entonces la gente pone calabazas con caras dibujadas para espantar el alma de este hombre(que se llamaba Jack) y a todos los malos espíritus(diablos)
para que no les hagan truco o trato(trick or treate).
Desde entonces a Jack se le es conocido como Jack el linterna o Jack-o'-latern.



miércoles, 22 de agosto de 2012

La maldición del amor

Cuenta la historia que hace muchos años atrás, había dos familias enfrentadas a muerte y los  futuros herederos de estas familias estaban enamorados. Estos dos jóvenes se amaban mucho. Al principio empezaron a verse en una cueva que había en la playa. Un buen día las familias de ambos descubrieron este romance prohibido lo cuál dio más motivo de pelea entre ambas familias. Los jóvenes estuvieron sin verse bastante tiempo. En este tiempo la cifra de muertos entre estas familias aumentó ligeramente. Un día, la muchacha iba paseando por el jardín de su enorme mansión y una señora mayor con pinta tenebrosa se le apareció y le ofreció que ella podría estar con su amor en un lugar verdaderamente mágico pero una vez que entrara ya jamás podría salir de el. La joven estaba cociente de que eso significaba la eternidad, toda su vida, y aceptó sin más. La muchacha citó al joven en el lugar que la bruja le indicó. Cuando el muchacho llegó al lugar en que se le había citado  vio una cueva. Conforme iba entrando pudo observar un precioso lugar luminoso y lleno de vida y en medio había una casita preciosa enfrente de la cuál le esperaba su amada.
Pero al pasar unas horas, llegó a los oídos del joven que su padre estaba a punto de morir y se fue inmediatamente a por su padre. En cuanto salió de la cueva observó como ésta se cerraba. Y con lágrimas en sus azules ojos fue a ver a su padre. A la muerte de su padre volvió al lugar pero seguía cerrado e impenetrable. En su interior la muchacha lloraba desconsolada y arrepentida. El muchacho se enteró por boca de un amigo de la muchacha  lo de la conversación con la bruja. El joven dolido buscó a la bruja y libraron una terrible batalla. Al final, cuando consiguió matar a la bruja todos sus poderes y hechizos se desvanecieron con ella y la cueva se volvió a abrir.
Alguien le informó de que las dos familias ya no existían y que solo quedaban los dos jóvenes. 
A toda velocidad, el joven fue en busca de la muchacha. Cuando llegó se la encontró llorando en la cama. El joven le contó todo. Ella se llenó de felicidad. La paz entre ambas familias se había firmado, lo lamentable es que para que esto sucediera tuvieron que morir todos. Los jóvenes pudieron ser felices para siempre y pronto el lugar se llenó de muchos niños y niñas que fueron el fruto de ese amor y esa paz que ahora existía.


FIN